Imaginando futuros

Mi abuela Felisa nació “el primero de febrero de 1913”. En mi niñez, nos cantaba una canción que decía así:  “el año dos mil y pico, los hombres podrán volar, metidos en un cohete, hacia el espacio estelar…”.  

Eso era lo que imaginaba el  ser humano de la época, que también especuló sobre cómo podían ser las ciudades del futuro. Blade Runner nos presenta un escenario de naves voladoras que viajan a gran velocidad por vías angostas, ciudades con luminosos superpobladas por humanos y humanoides que viven y viajan más allá de las fronteras terrestres.

Si hago un repaso, todas las series y películas de ciencia ficción que me vienen a la cabeza, salvo Avatar, todas tienen como denominador común los paisajes desérticos y la escasez de recursos naturales.

Este fin de semana he visitado una exposición “imaginando futuros”. Me llamó la atención la propuesta de Whirpool “Miracle Kitchen: una mujer con un elegante vestido de los años 50, se mueve de manera grácil entre los novedosos aparatos  de cocina que le van a hacer la vida más fácil.

Una de las consecuencias de que la imaginación de futuros haya sido impulsada por la tecnología, deja de lado la posibilidad de una transformación social y cultural que sitúe a la mujer liberada de los roles de género (seguimos en ello).

No sabemos lo que nos deparará el futuro, pero, puestas a especular, yo propongo volver a lo de antaño. ¿Por qué no recuperar a la señora Carmen que me fiaba los bollos y los apuntaba en la cuenta de mi madre? Detrás de ese gesto afloraban valores de respecto y confianza.

Qué será, será, whatever will be will be…

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